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Glory and Collapse

Las flores han estado presentes en la vida humana desde hace siglos en nuestras culturas, adquiriendo un significado reconfortante, tanto en la celebración como para reparar momentos de duelo. Empiezan a florecer en primavera, otorgando al entorno alegría y vida. Están estrechamente vinculadas al amor, a diferentes modos de entender el amor, ya que recibir o dar flores a alguien implica afecto, cariño, respeto o admiración.

El proyecto artístico presentado en esta exposición consiste en diferentes ejercicios visuales y procesuales llevados a cabo este año, centrándose en la simbología otorgada a las rosas.
En primer lugar, unas rosas de una coloración roja intensa arden despacio sobre la nieve en un bosque en Transilvania, mientras que otras rosas amarillas de bordes rojizos solemnemente sustentan resquicios del franquismo en un emblemático edificio en el País Vasco.
A continuación, una serie de fotografías de rosas obtenidas en los lugares más insospechados de Europa, desde los Balcanes, Berlin o las islas Azores, muestra ejemplares de diferente color y textura. En cierta medida, son el ejemplo de la relevancia que adquiere esta especie de flor en nuestro continente.
Y finalmente, la exposición se completa con unas imágenes descriptivas de un monumento conocido como Stone Flower (flor de piedra), erigido en honor a las víctimas del genocidio de Jasenovac, en Croacia. Más allá de ideologías, sus formas sinuosas y delicadas se funden en una materialidad rígida y un tamaño imponente. Este monumento permite ser entendido como un símbolo en sí mismo de la cualidad afectiva y restaurativa que implica una ofrenda floral.

En un contexto bélico estas flores adquieren un valor adicional, como si ofrecer o recibir flores amortiguara la experiencia traumática. Mientras, en el contexto actual de guerra en el país vecino, los supervivientes de las ciudades arrasadas miden extrañados el tiempo transcurrido en guerra en función del crecimiento de las plantas y flores, la naturaleza sigue su curso ajena a los conflictos humanos.


La sensibilidad es una de las manifestaciones más ignoradas de inteligencia humana. Además, por cierto, la sensibilidad no debería tener género. La escritora bielorrusa Svetlana Aleksievich pone en valor los testimonios de las mujeres sobre la guerra, una visión que ha sido suprimida de los relatos hegemónicos, narrados por hombres. Dada su exclusión generalizada de las actividades militares y su dedicación a los cuidados, las mujeres reparan en otros relatos. Y a menudo resultan incluso más significativos o sugerentes que lo narrado en el discurso pretendidamente objetivo, tan asimilado por el determinismo histórico. Un testimonio destaca en mi memoria sobre cualquier otro, relacionando la coloración roja de las rosas con la de la intensidad de la sangre que emana de un cuerpo colapsado.
A su vez, una película de producción rusa muy reciente dirigida por Andrei Zaitsev narra la vida interna de la ciudad durante el bloqueo de Leningrado. Tras la atmósfera tan fría y lenta como cautivadora de sus dos horas de metraje, fiel a los sucesos ocurridos, concluye describiendo una rosa amarilla de bordes rosados, de un gran tamaño y una extraordinaria belleza. Esta flor fue conservada durante la guerra y presentada después de la misma como símbolo de paz. Se trata de la rosa conocida como rosa de la paz, o gloria dei.


Tal vez la unión Europea colapse como lo hizo la antigua Yugoslavia. Mientras las actividades económicas que impactan sobre el sistema natural de la Tierra parecen dirigirnos hacia un futuro de colapso irremediable, siempre nos quedará reparar en lo agradable de las rosas. Sólo quedará esperanza mientras conservemos la capacidad de fascinarnos por los pequeños detalles.
Sobreviviremos al desastre nuclear en un mundo destruido. Porque tendrá sentido, mientras haya flores.

Amaia Molinet, Târgu Mures, Septiembre 2022.

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